Exiliados de Neverland


CARPE DIEM
Marzo 1, 2009, 12:07 am
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Suelo aplicar al máximo el viejo consejo de Santa Teresa: “Nunca pasa nada. Y si pasa, qué importa. Y si importa, qué pasa”. Conviene relativizar siempre las cosas o, mejor, saber contextualizarlas, alejarse de ellas, como recomendaba Ortega al enfrentarse a un problema, e ir acercándose de a pocos, paso a pasa, capa a capa, conscientes ya de su verdadera magnitud. Acostumbramos a hacer un mundo de los pequeños problemas cotidianos o, peor aún, a imaginar problemas donde realmente no hay nada: la cebra activa el mecanismo del estrés al ver al león; a nosotros nos basta con imaginarlo. Take it easy. Carpe diem. Mañana podemos estar muertos o, en el mejor de los casos, llegar a viejos la semana que viene. Y ya no habrá solución. Mirar atrás y darse cuenta del tiempo perdido en cosas absurdas. Para que eso no llegue, solo nos queda disfrutar alegremente de hoy. Dicho queda. Por mi y por los tipos de Coca Cola, en este gran anuncio…

JJ



F. Bacon y el malestar
Febrero 5, 2009, 5:28 pm
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Ayer me acerqué a El Prado para ver la exposición temporal de Francis Bacon. No me impresionó, la verdad. Casi todo eran estudios de…, se conoce que el artista habitualmente se cargaba sus obras o pintaba encima de ellas. 8 euros invertidos en arte, 8 euros…

El tipo era un poco perverso, mucho cuerpo desmembrado (o eso parecía), deformados hasta el extremo, confinados en un cubo, sobre una base hexagonal, rodeados de nada y llenos de angustia. Obsesión con el retrato de Inocencio X de Velázquez. Quedó tan impresionado que le dedicó varios lienzos. Un chorro de fuerza de abajo a arriba, como si el mal se apoderase de él, o estuviera en plena transformación en súper guerrero… curioso.

No soy muy de arte contemporáneo, en general veo mucha pose, onanismo, hedonismo y la necesidad de marchantes, galeristas, “expertos” y aficionados de dar alimentar una farsa de la que, en mi humilde opinión, se salvan unos cuantos. Supongo que esos cuantos, muchos de ellos que ni conozco o que posiblemente me gustan poco o nada, dentro de 100 o 200 años serán reconocidos en su genialidad. El tiempo dirá.

Salí del Prado y fuimos (iba acompañado) a tomar unas tapillas. Cuál fue mi sorpresa al llegar a casa cuando comprobé me enfermedad. Y en esas estoy, mezclando recuerdos de Bacon, reflexiones sobre lo malo que es estar postrado en una cama con fiebre y dolores por todo el cuerpo… la miseria del ser humano tiene muchas formas.

Si la dolencia es física no cabe otra opción: padecer y punto. Si la dolencia es psíquica, quizá, a pesar de lo calamitoso de la situación, obtenga uno réditos apreciables por el resto. Qué habría sido del arte sin los locos! Locos o reprimidos por el acoso moral y social de su entorno. Las explosiones artísticas proceden, en general, de esos arrebatos expresivos, contenidos, rabiosos, dolientes y profundos de pobres angustiados, de mentes por liberar, encerradas y asustadas.

Decía en el anterior Post, el que dediqué a Revolutionary Road, que está muy bien asistir de vez en cuando a la exhibición de los traumas y frustraciones ajenos. El arte, con más evidencia si cabe en los dos últimos siglos, representa el culto al desquicio, la alabanza del terror, el aplauso del dolor. Eso y más cosas, pero sobre todo eso. Inadaptación y problemas son fuente de creatividad en un mundo que ha desechado el naturalismo apostando por intrincados estéticos sin precedente. El arte camina solo, y admito celebro, disfruto con la evolución. De ahí a caer en todas las trampas, hay un buen trecho. Me dejo llevar por algunas, sin más…

JC



DOS GENIOS DE LA IMAGEN
Enero 28, 2009, 11:13 am
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El arte es una imagen humeante, como recién disparada. Una bomba fugaz que nace y muere, que nace y muere, que nace y muere otra vez. Es el tropiezo voluntario de los hombres en la misma piedra una y dos y tres veces y hasta siempre. El arte y la eternidad de lo fugaz, la repetición de lo siempre nuevo. Lo dijo a otros efectos una vez Eduardo Chillida, no sé si a santo de la música de Bach o Wagner o por ahí, “siempre nunca diferente pero nunca siempre igual”.  Atrapar en una imagen lo que no se puede ver, empaquetar los sentimientos, eso es el arte.

La pintura y el cine lo tienen fácil. También la escultura y la arquitectura. La música no es nada si no nos hace imaginar. La danza no es sino el atril de los sonidos. Y la literatura simplemente no es sin su campo de cebados adjetivos. Las bellas artes son imagen pura. Para defender el tema, para reivindicar lo insólito de la imagen, a los surrealistas –esos fascistas de la anarquía- les dio por hablar del “encuentro de un paraguas y una máquina de escribir encima de una mesa de quirófano”.

Al final nos terminó saliendo cara la catarata de bromas de los Tzara, los Breton, los Duchamp. Defendieron la imagen de la nada. Hacían poemas con palabras recortadas al azar, exhibían retretes, literaturizaban cadáveres exquisitos y al final la gente les siguió el rollo, les tomaron con la seriedad que ellos mismos atacaban y terminaron por ver en el paraguas del quirófano un sinfín de símbolos sesudísimos y lemas de exagerado nivel cultural. Buñuel simplemente se meaba de la risa cuando veía los análisis de sus películas, Dalí se divertía siguiéndoles el juego y al final, “en el mismo lodo, todos manoseaos”, que cantara Gardel, se nos terminaron por colar los sinvergüenzas que hoy llevan en la cartera el carné de artistas oficiales.

Contra ellos, quisiera rescatar hoy la victoria moral de dos españoles. Uno de ellos es el pintor Antonio López que, siguiendo las enseñanzas de aquel loco muerto y olvidado bajo un tranvía traidor que fue Gaudí, conquistó la originalidad volviéndose al origen. En medio de un sinfín de garabatos, de arcabuzazos infantiles, de telas restregadas por el fango, él supo mirar a los Velázquez y cía, abrió su caballete en la Gran Vía y se puso simplemente a pintar lo que veía. Al terminar cada cuadro, el tipo les insuflaba el aire que rodeaba lo que andaba queriendo pintar y a otra cosa. El otro se llama Chema Madoz y hace fotos. En ellas juega, gamberrea, nos mezcla la realidad. Fotografía metáforas. Plasma en imagen pura la vieja greguería del gordo Ramón Gómez de la Serna. Revela bromas en blanco y negro. No busca imágenes lejanas –el paraguas y el quirófano- sino que encuentra y mezcla a los opuestos. Sus fotos, en fin, son un juego de suma cero a modo de explosión, una redundancia de lo antitético.

Un día vino Cocteau a Madrid y asistió al Museo del Prado de la Mano de Dalí. Al salir dieron una conferencia de prensa en el Ritz y un periodista les preguntó qué salvarían en caso de un incendio en el Museo. Primero respondió el francés, dijo que el fuego y con aires de superioridad retó a Dalí con la mirada. Éste teatralizó, hizo como que pensaba lo que ya sabía, alzó la voz y contestó: “Yo el aire. Y, más concretamente, el aire contenido en Las Meninas de Velázquez, que es el aire de mejor calidad que existe”. Acto seguido Cocteau cogió dos pajitas de cocktail, se las puso en la nariz a modo de bigote daliniano e inclinó la cabeza en gesto que le honra.

Si los timadores de hoy día tuvieran siquiera una gota de dignidad harían lo propio frente a López y Madoz, ambos con el peso a cuestas de rescatar al arte de sus garras. Y si fueran personas honradas cogerían el petate y se pondrían a caminar la nueva senda abierta por estos dos genios contemporáneos. Benditos sean.

 

JJ

 



Revolutionary Road
Enero 26, 2009, 3:57 pm
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Del mismo director de American Beauty, recupera el filón del drama familiar made in USA (esta vez ambientado en los años 50) repleto de frustraciones personales y crisis de edad con desenlaces trágicos. Es una película excelente, no tanto por la historia que cuenta como por las interpretaciones de sus dos protagonistas (los secundarios son muy buenos, dicho sea de paso). Todos recordamos a Jack y Rose, esa pareja pobre-rica, flaco-ternesca, aniñado-señorona… de Titanic. No habían vuelto a rodar juntos pero el regreso ha merecido la pena. Sobre todo ella, sin desmerecer al niñoviejo de DiCaprio. Kate Winslet se ha consagrado como la mejor actriz de su edad (treinta y cinco, más o menos), y 2009 está siendo su año.

Traigo el comentario de la película a este blog en particular por la lectura que he sacado de la historia que cuenta. Una pareja joven, de apenas 30 años, que tras enamorarse con veintipocos, llenos de metas y proyectos, acaban casándose y formando una familia en un barrio residencial a las afueras de Nueva York. Esta idílica estampa, que para muchos se convierte en objeto de deseo y lamentable envidia, está aquejada de vicios y dolencias desde el mismo día en que se conocieron sus protagonistas. La frustración, la expectativa truncada, la necesidad de una vida diferente, el pararse a pensar en lo que pudo haber sido, en lo que no se emprendió, en las trabas y zancadillas de la vida, condicionan la estabilidad emocional de la pareja y el discurrir de los meses que comprende la película.

Un conato de ilusión devuelve la esperanza con toda la falsedad de un sueño. Estas criaturas especiales, admiradas por el resto, adquieren con su aparente valentía un nuevo halo de atracción irresistible en un mar de frustración y resignación que a veces resulta excesivo. Es una gran película, muy intensa; recomiendo sonreírse sin lanzar una carcajada cuando todo parezca proclive a ello, es preferible mantener la tensión y apreciar los gestos, los matices, las miradas de todos y cada uno de los personajes. Son casi dos horas de autoretrato, porque todos, más jóvenes o más mayores, tenemos o tememos alguna de las cosas que pueden verse desde el principio hasta el final del film.

En esta bitácora quisimos dar rienda suelta a todo tipo de comentarios, recuerdos y sentimientos. Quizá esta película esté más conectada con la línea pretendida que cualquier otra. Contemplar como a los 30 años puede estar todo decidido para, poco después, caer en la cuenta de que ese es nuestro gran temor aun cuando nuestra generación parece dilatar la juventud, extender la adolescencia y huir sin descanso de la mera posibilidad de estancarse antes de tiempo. Pero el tiempo pasa y hay fechas que dejamos atrás al igual que hay fechas que se nos vienen encima. El matrimonio de la película busca un ancla en el tiempo, una última oportunidad. Muchos jóvenes de nuestra generación proyectamos en forma de temor lo que para ellos es una frustración que devora su estabilidad emocional y sus ganas de seguir viviendo.

Aun con todo creo que la vida es más simple que todo eso. El drama existencial está bien para lo que está: dos horitas en el cine, una conversación de 30 minutos y poco más. Quien viva anquilosado de esa manera puede despedirse de sobrellevar su torpe existencia con sosiego y tranquilidad. La intensidad dramática cumple mejor su utilidad en dosis menudas y recipientes ligeros.

JC



20 AÑOS SIN DALÍ
Enero 25, 2009, 12:15 am
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“La única diferencia ente un loco y yo es que yo no estoy loco”. Pudiera parecer, efectivamente, que todo lo que le movió fue la locura. Hay también quien dice que fue el dinero: André Breton reordenó las letras de su nombre para formar aquel celebérrimo “avida dollars”. Ni unos ni otros lograron entenderle. Su vuelo era demasiado alto. Su mundo tan ancho y ajeno que se permitió el lujo de modelar el nuestro como los niños con la plastilina, a base de arcabuzazos de óleo y cubos de barniz. Bigotes alerta y siempre enhiestos. Durante un tiempo usó para ello el jugo de los dáties del postre, lo que le permitía, en verano, mientras veía en la televisión el tour de france dejar que las moscas limpias de Port Ligat, esas moscas finas vestidas como por Balenciaga, le anduviesen por la comisura de los labios hasta atraparlas y dejarlas escapar para volver a empezar: “Francia entera sufriendo en bicicleta y yo en mi sillón, jugando con mis moscas…”. Sivaritismo puro. Luchó por lo que creyó y nadie pudo interponerse en su camino. Amó. Sufrió la pasión. Toda su paz dependió de su querida Gala: “desearía poder hacerla tan pequeña como una aceituna para comérmela y hacerla mía para siempre”. De joven quiso ser cocinera. Más tarde quiso ser Napoleón. Al final, aspiró nada menos que a llegar a convertirse en Salvador Dalí. Murió solo, en la torre de su museo, víctima de la daliniana paranoia-crítica, haciendo sonar el himno español cada vez que lo trasladaban, postrado, de una habitación a otra y usando el único hilo de voz que le quedaba para llamar a su amado Federico, compañero del alma, compañero. Buscó a tientas una Fe que le diera tranquilidad al final del camino. Quizá la encontró. Quizá no. Quizá siga rompiendo, a golpe de patada, los ventanales de la 5th Avenue del cielo.

JJ



El frio, el cuerpo y la mente.
Enero 10, 2009, 6:21 pm
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Yo también he sido de los renegados advenedizos, de los que ahora callan todos los improperios lanzados años atrás. Odiaba la educación física, nunca he practicado ningún deporte de equipo; más de bici o natación, aunque ni con esas puede decirse que haya sido un deportista. Todo lo contrario, más bien torpe, patoso y rígido. Suerte que soy delgado y no he tenido demasiadas miserias físicas.

Ahora reniego de lo que en su momento juré como uno de mis principios inquebrantables. Estúpido fui. No me he reencontrado con el deporte, tranquilos, aunque estuve un año yendo dos veces por semana a la piscina (acabé hecho un campeón, pero respiro fatal y me agotaba más de la cuenta). También, más recientemente, me dio por el espíritu de Verano Azul, y me compré una bici; no para hacer piernas y ganar un moreno marcado y ridículo, sino para pasear por Madrid (es una de las mejores decisiones que he tomado nunca).

Lo que sí hice hace unos añitos fue apuntarme al gimnasio. Lo sé, lo sé, es lo más cutre y vanidoso que puede hacer uno. De deporte poco, sobre todo en la zona de musculación. Sí mucho esfuerzo y bastante egocentrismo. Pero qué le vamos a hacer: preparo mi cuerpo para no ser un treintón con barriga, apoltronado y condenado a unos cuarenta lamentables. Será entonces, a los 30 y a los 40, cuando me tome en serio lo del deporte (en condiciones) y me apunte a clases de pádel, tenis, golf o lo que sea. Igual hasta ceda ante mis amigos y opte por el esquí. Hasta entonces seguiré echando cuerpo, luchando contra el michelín, y haciendo que la ropa y el bañador me queden cada día mejor.

Aplaudo tu decisión, ya lo sabes. Es la mejor forma de reencontrarse con uno mismo y superar viejos miedos y carencias. No todos hemos sido el chaval deportista, futbolero e inquieto. Esos, en general, serán los cuerpo-escombro del mañana; pronto les llegará la decadencia, mientras que nosotros, con esfuerzo y dedicación, tendremos un futuro en ascenso imparable (por lo menos hasta los 58, ;) ).

Y mientras tanto, me muero de frio. Sin grasa, sin esa capa que los osos se afanan en adosar a sus músculos durante los meses cálidos y templados, me veo desprovisto del aislante natural, del medio con el que pasar este gélido invierno que nadie supo predecir.

JC



DE LA GIMNASIA
Enero 7, 2009, 7:04 pm
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La gimnasia, JC, como militarización del ocio. No sé a qué niños pobrecitos de qué país brutal les ofrecen al nacer una pluma y una espada, dejando que juegue la elección una suerte de instinto visionario. Si la elección es de corte espartano, el niño crecerá fuerte y gozará de la aceptación de la comunidad. Si por el contrario fuese la dichosa pluma el objeto de su primitiva decisión, pobre del niño. Esto de la contraposición de las letras/alma y las armas/cuerpo es algo que subsiste entre nosotros como mito arraigado y tomado por cierto y, sin embargo, echado por tierra en más de mil batallas, nunca mejor dicho. La épica de Homero así lo testifica, y largo y tendido habló de ello nuestro sagrado don Miguel de Cervantes allá por el final de su primera parte del Quijote, después de dar él mismo ejemplo vital, con su brazo cortado allá en Lepanto. Men sana in corpore sano, o sea.

En los libros de mi muy querido José Luis Alvite –ese cínico de nuestro tiempo que manda historias a La Razón desde su aburrido oficio de cajero- se defiende la tesis de que toda vocación literaria tiene como origen un fracaso físico. Que agarrar un libro viene, vamos, después de no meterle un penalti a un vendedor de cupones. Yo no lo creo. Si así fuese, teniendo en cuenta que en los colegios siempre es una élite pequeña la que destaca en la destreza deportiva, de las aulas no harían más que salir genios eruditos. Y me da que no es el caso. Y sin embargo, esto no quita –que no esté de acuerdo con Alvite- para que en mi caso, oh casualidades de la vida, el afinado escritor dé en el blanco.

Ya desde pequeño empecé a fallar en las destrezas deportivas. Nunca especialmente ágil, terminé por encontrar en las clases de gimnasia algo así como la visión dantesca del infierno, llena de profesores embutidos en chandals indecorosos, amargados por no obtener del alumnado el respeto debido, acomplejados por no ser tratados al mismo nivel que sus colegas de ciencias naturales o historia contemporánea, dando órdenes maléficas que reclamaban posturas antinaturales y esfuerzos sobrehumanos. Así fue como terminé por desarrollar una fuerte reacción casi violenta hacia todo aquello relacionado con los sudores y las tensiones musculares e inclinándome al refugio que los libros me ofrecieron.

Ha pasado el tiempo, le he dado vueltas al tema y he terminado por no darme la razón, cosa especialmente sana y habitualmente mal vista entre los fanáticos del tópico y los lugares comunes. A ello le he sumado una dosis extremadamente rara en mi persona de voluntad y un algo de querencia hacia el buen gusto corporal y he terminado por apuntarme al gimnasio de la esquina. Allí me encuentro cada mediodía con algún talibán metrosexual, unos cuantos profesionales del músculo y un nutrido grupo de pandilleros que acuden a sus labores entre sortijas y colgantes de mercadillo. Al mirarlos, confieso sentirme atacado por cierta dosis de vanidad que no consigo matar del todo.

La pluma o las armas. Las armas y la pluma. La siniestra en Lepanto y la diestra en el Quijote. Men sana in corpore sano. Se trata de no elegir, de alcanzar el equilibrio. Y en esas ando.

JJ



Que vienen los Reyes!
Enero 4, 2009, 8:30 pm
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Y yo sigo aquí, a pesar de JJ y su brillantez indiscutible, que al leerle  me hace dudar sobre casi todo, sobrecogido por un estilo que ya quisiera para mí. Felicidades por el anterior post, es realmente bueno y bien tramado, vaya, que hacía mucho que no leía con interés algo que no fuera de actualidad o ensayística ilustrada. Espero la novela para ya, porque con toda seguridad me convertiré en uno de tus primeros fans (lo quiero de regalo y firmado para los Reyes de 2010).

Y siguiendo con los reyes, sin recurrir a lo ficticio que sí abunda en tu cuento ( a Dios gracias), qué mejor que recordar, dibujar imágenes y reinterpretar emociones de hace años, muchos años.

Curiosamente mis mejores reyes, en los que fui autoconsciente, proclamé sin reparos: estos han sido los mejores, tuvieron lugar hace exactamente 20 años. En 1989 me desperté a pesar del sueño provocado por el insomnio nervioso de madrugada, instigado por una hermana jodona, de esas que se empeñan en colocar al pequeño donde a ella le conviene, manosearlo y zarandearlo o usarlo directamente como parapeto, escudo o antídoto de broncas bien merecidas; hermanas mayores, ya se sabe. Pues bien, me desperté, a las 7 o a las 8, seguro, y corrí hacía al salón, emocionado, para encontrarme con un montón de regalos, una bandeja de turrones o galletas acabadas, tres copas de no sé qué consumidas y un balde de agua (para los camellos) vacío. Habían sido los Reyes, eso seguro.

Recuerdo un camión de bomberos de lego, y un castillo, con tejados, un puente levadizo, dos o tres muñecos a caballo… dejaron más cosas, un puzle gigante del abecedario sobre el que me deslizaba, una vez armado, por el largo pasillo de mi antiguo piso. Y más y más cosas, porque recuerdo que aquellos reyes no hubo decepciones, ni llantos, ni emociones contenidas saltando añicos. Fueron los mejores, y ya hace 20 años.

Ahora las cosas son bien distintas. Compro para otros y elijo mis propios regalos. No he llegado al extremo de comprármelos a mí mismo, pero todo se andará. Las tradiciones están para cumplirse u olvidarse por completo, las medias tintas sobran, enturbian y son molestas y cabreantes. Yo apuesto por seguir manteniendo el espíritu que solo la presencia de un niño en casa parece conservar vivo. Me ha tocado “encargar” los Reyes de los hijos de mis primos, y la verdad, es lo más navideño que he hecho en estas fiestas.

JC



YA VIENEN LOS REYES
Enero 2, 2009, 9:57 pm
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Ya vienen los Reyes por los arenales, ya le traen al Niño muy ricos pañales, ya le traen al Niño muy ricos pañales, ya venían los Reyes y yo quería verlos, queríamos verlos todos lo que estábamos allí, pasando frío en una Puerta del Sol, toda ella muy llena de luces y árboles y nieve y vaho, toda ella más plaza que nunca, más prieta y menuda que nunca de tantos como estábamos allí queriendo ver a los Reyes que venían ya por los arenales a traerle al niño muy ricos pañales, ya vienen, ya vienen, pero los Reyes no venían, o se retrasaban, entretenidos como estarían saludando a todos los niños que habían elegido un puesto más temprano en el trayecto de su cabalgata hasta la Plaza Mayor, reteniéndoles contra el reloj de nuestras ansias de azúcar, que era el reloj blando y amarillo que nos saludaba desde su altura de luna, con sus manillas negras, gordas y torponas que hacía unos días habían servido de batuta a la entrada del nuevo año por televisión, esa entrada como de coreografía y prisas y uvas doradas que a mi cada vez me costaba más tragar al son, menudo y chisposo, de esas mismas agujas que ahora giraban plomizas y tristes, como queriendo hacernos rabiar, tal que mamá y papá cuando me escondían los regalos del cumpleaños haciéndome creer que se les había olvidado, de verdad cariño, cómo se nos ha podido olvidar, pero yo sabía que no y que en breve vendrían, del brazo por el pasillo, cargaditos de juguetes, cargaditos de juguetes para el niño de Belén, olé, olé, olanda y olé, olanda ya se ve, ya se ve, como ya se veía la primera carroza y detrás se adivinaba la presencia mágica y total de los Reyes de Oriente, cada uno con su ejército de pajes y camellos, con sus regalos a cuestas y sus anchas barbas largas, llenas de sol y viento del camino, ya se ven, ya se ven, y entonces llovían caramelos y bombones y seres extraños, con carne y hueso en sueño y fantasía, saludaban desde sus dorados carruajes y gritaban ya vienen los Reyes por aquel camino, ya le traen al Niño sopitas con vino, ya le traen al Niño sopitas con vino, pero a mi eso de las sopitas con vino no me gustaba nada y lo que quería era ver a los Reyes y tratar de adivinar, por entre los paquetes envueltos de magia y lejanía, todos los regalos que yo les había pedido en una carta de esmerada caligrafía verde sobre enhiestos renglones invisibles, queridos Reyes Magos, como ya sabréis este año he sido bastante bueno, porque uno trataba siempre de ampararse en la enorme cantidad de niños en el mundo como para que justo fueran testigos de alguna de mis travesuras, mamá, mamá, tú cuántos niños crees que habrá en el mundo, porque yo creo que por lo menos muchos, muchísimos incluso, y mamá me decía que sí, que no te preocupes, cielo, porque el carbón sólo es para los niños muy, muy malos que no hacen caso de sus papás, ya vienen los Reyes, ya vienen los Reyes, ya estaban aquí, campanitas verdes, hojas de limón, la Virgen María, madre del Señor, y todos saludábamos con la mano y gritábamos sin gritar, con un silencio temeroso de murmullo, porque no sé a los demás pero a mi los Reyes Magos me inspiraban ternura y cariño largamente, pero a la vez no negaba sentir un algo de miedo hacia lo desconocido, hacia una cosa que no me explicaba muy bien, y yo les miraba a los ojos y a las barbas y a las coronas, todo cada año más brillante, y al final resulta que cuando se habían ido ya no me había acordado de buscar mis regalos por entre los cajones de los pajes, olé, olé, olanda y olé, olanda ya se fue.

 

Se fue, como se habían ido ya los Reyes sin que yo los llegara a ver bien, tan bien al menos como los había visto otros años, cuando mi padre me subía a caballito, ven, corre, súbete, ya verás qué bien los ves, toma qué alto eres, sí papá, muy bien, y yo los veía estupendamente por sobre el mar de cabezas peludas que acababa de vencer, gracias a mi padre, mi padre, que se había ido también hacía pocos días, no sabía yo por entonces para cuánto tiempo, y que hoy no estaba aquí para elevarme y subirme a caballito porque se había ido, o se lo habían llevado, no sabía, que es lo que me decía mi madre y todo el mundo, que a papá se lo habían llevado unos angelitos buenos para curarlo en el cielo, que tienen mejores hospitales, con camas de nube y espumillón y bueyes y mulas como las del Portal de Belén, con su estrella, sol y luna, la Virgen y San José y el Niño que está en la cuna, pero mi padre no estaba, qué pena, para que viese a los Reyes como otros años y no sabía yo si tardaría en volver, porque le había visto muy malito hacía unos días, tosiendo una sangre muy roja y muy suave y muy brillante que se le venía desde lo más hondo, manchando unos pañuelos blandísimos y blanquísimos que hacían la sangre aún más roja y más suave y más brillante, pero mira cómo beben los peces en el río, pero mira cómo beben por ver a Dios nacido, como quería yo que papá se volviese a beber su sangre para que no se secase por dentro, que eso me atormentaba a mi, y eso pensaba que le estarían diciendo los angelitos en el cielo, de donde mi primo Antoñito me decía que ya no se volvía nunca, porque mi padre se había muerto y los muertos se iban para siempre, y yo ya no quería jugar más con él, y me iba otra vez a mi casa a jugar solo, a esperar a que papá volviera, porque vivir es ver volver, volver, siempre volver, o eso creía yo, beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río, por ver a Dios nacer, y una vez en mi casa quería volver a la casa de Antoñito para pegarle, o tirarle una piedra, o escupirle en la cara, no sé, algo, y sobre todo subir a su casa con papá de la mano para decirle mira tonto, mi padre ha vuelto, ahí te quedas, y soñaba otra vez, cantando con mi madre unos villancicos que a ella le hacían llorar mucho, la Virgen está lavando y tendiendo en el romero, los pajarillos cantando, y el romero floreciendo, pero que a mi me parecían muy bonitos, la Virgen se está peinando entre cortina y cortina, sus cabellos son de oro, el peine de plata fina, y se los cantaba a mamá con mucha alegría y mucho brinco de pandereta, la Virgen va caminando por entre aquellas palmeras, el Niño mira en sus ojos, el color de la vereda, y solo uno no me gustaba y lo pasaba siempre, justo antes de que mamá lo adivinase también, la Nochebuena se viene, tururú, la Nochebuena se va, y nosotros nos iremos, tururú, y no volveremos más, que era lo que Antoñito decía que pasaba con mi padre, mi padre, que se había ido, o se le habían llevado, no sabía, y que no había podido subirme a caballito para ver bien a los Reyes Magos.

 

A mamá le dije al volver a casa que los había visto muy bien, pero no era verdad, mi tata Carmen no podía, la pobre, subirme a hombros, y de haber podido de poco hubiera servido, pues no levantaba más allá de metro y medio del suelo, pero a mamá le dije que todo muy bien, que estaban muy guapos, por no hablarle de papá y ponerle triste diciéndole que con él los veía mucho mejor, y le dije que había visto todos mis regalos, lo cual que mentí también, pero ya por entonces sabía yo del curativo uso de la mentira como vacuna contra la vida real, casi siempre gris y polvorienta, siempre con su decepción a cuestas, la mentira como arte, la mentira como trinchera, la mentira como mundo de los sueños donde todo se cumple y todo se puede, y papá ya estaba sano y otra vez entre nosotros, adestes fideles laeti triumphantes venite, curado ya por esos angelitos que debían estar dándole a beber toda la sangre que echaba por la boca, el pobrecito, manchando los pañuelos de mamá, venite in Bethlehem Natum, videte regen angelorun, pero no le dije nada de papá porque se ponía muy triste, no sé si porque se creía lo del primo Antoñito o qué, yo en cambio estaba contento, acababa de ver a los Reyes Magos, y le dije a mamá que podíamos comer galletas con mantequilla, más por verla salir de la cama que por calmar un hambre que no tenía, pues me había comprado ya la tata Carmen unas castañas asadas, y me dijo que sí, venga vamos, cariño, a la cocina, ay del chiquirritín, chiquirriquitín, metidito entre pajas, y entonces yo le contaba a mamá todo lo que había visto, la cantidad de gentes y de niños que había por el centro, por lo menos muchos, muchísimos incluso, y lo bonito que estaba todo, tan preñado de luces y arbolitos de colores, con todos los bares abiertos, y todas las tiendas abiertas, y todos los ojos abiertos, como esperando que se cumplieran aquella noche todos los deseos, ay del chiquirritín, chiquirriquitín, queridín, queridito del alma, y viniera papá, como todos los años, a decirme venga, que ya han llegado los Reyes, corre a ver todo lo que te han dejado, a mi me goteaban las galletas de leche, y manchaba la mesa de la cocina, ya vienen los Reyes Magos, ya vienen los Reyes Magos, caminito de Belén, mamá lo limpiaba sin regañarme, estaba triste, pero más guapa que nunca, escuchándome todo lo que había visto con unos ojos muy grandes, y una sonrisa muy grande también, la leche me caía por la boca, ten cuidado, cariño, que te estás poniendo perdido el pijama, oh, blanca Navidad, nieve, una esperanza y un cantar, recordar tu infancia podrás al llegar la blanca Navidad, yo no recordaba, yo vivía mi infancia, sin saberlo, sin saber que también mi infancia se iría, como se había ido papá para no volver, como decía el primo Antoñito, porque la vida no es ver volver, como yo creía, sino un irse siempre, siempre, para no volver nunca, nunca, sin saber cuándo uno está yéndose del todo, somos los que se van, los que se van y no vuelven, yo terminaba bebiéndome la leche de un trago y sin respirar apenas, mira, mamá, de un trago, respira, cielo, respira, bueno y ahora a la cama, que si vienen los Reyes y te ven despierto se van, se van y no vuelven, ya vienen los Reyes Magos, ya vienen los Reyes Magos, y cuando me iba a la cama me preguntó mamá que si había conseguido hablar con los Reyes, como otros años, y yo le dije que no, que no había podido, bueno, no pasa nada, cariño, porque ellos pueden leer lo que tú piensas, que por eso son magos, oye, mamá, entonces tú crees que si me he olvidado de poner una cosa en la carta pero la pienso mucho y muy fuerte serán capaces de adivinarlo, yo creo que sí, hijo, yo creo que sí, que por eso son magos, y me acerqué a ella, le di un beso ancho y sonoro en la mejilla, y le dije tranquila, mamá, porque entonces papá estará aquí por la mañana, ya vienen los Reyes por los arenales, ya le traen al Niño muy ricos pañales, ya le traen al Niño muy ricos pañales.

JJ



LOS QUE SE VAN
Enero 2, 2009, 12:51 pm
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Se acabó el año. Vuelta a empezar. Somos los que se van, o ni siquiera eso. Somos los que nos van, a los que nos van echando, empujando, sacando a trompicones de un camino que no existe, caminante no hay camino, se hace camino al andar, pero resulta que ni andamos, que ni vamos siquiera, que eso de andar y de irse, no digamos el volver, implica una voluntad que nada importa que tengamos porque nunca triunfa más que en cosas banales, en los pequeños recados provincianos. Uno puede armarse de voluntad para ir a unas oposiciones, pero ya puede poner empeño en la cosa del volver, en la cosa del andar o pararse en el camino que igual vendrá la vida con su viento y su brazo tatuado a largarnos por la fuerza, pues ya nos explicaba Schopenhauer aquello de que toda voluntad es voluntad de algo, que tiene un objeto, un fin de su querer, y si esto es así, nos preguntaba, ¿qué querrá, pues, en último término, o a qué aspirará esa voluntad que constituye la esencia en sí del mundo? Y yo, que no me acuerdo ahora –quizá nunca lo supe- de lo que nos contesta el alemán, si es que nos contesta algo, me pregunto ahora lo mismo, viendo que de nada sirve nuestra voluntad individual en esta cosa del vivir. Lo tengo que mirar, coño, no vaya a ser, JC, que Schopenhauer nos hubiera resuelto el mundo y tú y yo aquí escribiendo tan tranquilos, ajenos al destino revelado, sin mapa del tesoro. El triunfo de la voluntad, así se llamó aquella cinta nazi y asesina, muy bien montada, que hoy anda inútilmente olvidada en un cajón. Se acabó el año. Vuelta a empezar. Y ya vienen los reyes… esto lo cuento en el siguiente post, excepcionalmente largo.

 

JJ