Exiliados de Neverland


CARPE DIEM by JJMercado
marzo 1, 2009, 12:07 am
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Suelo aplicar al máximo el viejo consejo de Santa Teresa: “Nunca pasa nada. Y si pasa, qué importa. Y si importa, qué pasa”. Conviene relativizar siempre las cosas o, mejor, saber contextualizarlas, alejarse de ellas, como recomendaba Ortega al enfrentarse a un problema, e ir acercándose de a pocos, paso a pasa, capa a capa, conscientes ya de su verdadera magnitud. Acostumbramos a hacer un mundo de los pequeños problemas cotidianos o, peor aún, a imaginar problemas donde realmente no hay nada: la cebra activa el mecanismo del estrés al ver al león; a nosotros nos basta con imaginarlo. Take it easy. Carpe diem. Mañana podemos estar muertos o, en el mejor de los casos, llegar a viejos la semana que viene. Y ya no habrá solución. Mirar atrás y darse cuenta del tiempo perdido en cosas absurdas. Para que eso no llegue, solo nos queda disfrutar alegremente de hoy. Dicho queda. Por mi y por los tipos de Coca Cola, en este gran anuncio…

JJ



F. Bacon y el malestar by jcherran
febrero 5, 2009, 5:28 pm
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Ayer me acerqué a El Prado para ver la exposición temporal de Francis Bacon. No me impresionó, la verdad. Casi todo eran estudios de…, se conoce que el artista habitualmente se cargaba sus obras o pintaba encima de ellas. 8 euros invertidos en arte, 8 euros…

El tipo era un poco perverso, mucho cuerpo desmembrado (o eso parecía), deformados hasta el extremo, confinados en un cubo, sobre una base hexagonal, rodeados de nada y llenos de angustia. Obsesión con el retrato de Inocencio X de Velázquez. Quedó tan impresionado que le dedicó varios lienzos. Un chorro de fuerza de abajo a arriba, como si el mal se apoderase de él, o estuviera en plena transformación en súper guerrero… curioso.

No soy muy de arte contemporáneo, en general veo mucha pose, onanismo, hedonismo y la necesidad de marchantes, galeristas, “expertos” y aficionados de dar alimentar una farsa de la que, en mi humilde opinión, se salvan unos cuantos. Supongo que esos cuantos, muchos de ellos que ni conozco o que posiblemente me gustan poco o nada, dentro de 100 o 200 años serán reconocidos en su genialidad. El tiempo dirá.

Salí del Prado y fuimos (iba acompañado) a tomar unas tapillas. Cuál fue mi sorpresa al llegar a casa cuando comprobé me enfermedad. Y en esas estoy, mezclando recuerdos de Bacon, reflexiones sobre lo malo que es estar postrado en una cama con fiebre y dolores por todo el cuerpo… la miseria del ser humano tiene muchas formas.

Si la dolencia es física no cabe otra opción: padecer y punto. Si la dolencia es psíquica, quizá, a pesar de lo calamitoso de la situación, obtenga uno réditos apreciables por el resto. Qué habría sido del arte sin los locos! Locos o reprimidos por el acoso moral y social de su entorno. Las explosiones artísticas proceden, en general, de esos arrebatos expresivos, contenidos, rabiosos, dolientes y profundos de pobres angustiados, de mentes por liberar, encerradas y asustadas.

Decía en el anterior Post, el que dediqué a Revolutionary Road, que está muy bien asistir de vez en cuando a la exhibición de los traumas y frustraciones ajenos. El arte, con más evidencia si cabe en los dos últimos siglos, representa el culto al desquicio, la alabanza del terror, el aplauso del dolor. Eso y más cosas, pero sobre todo eso. Inadaptación y problemas son fuente de creatividad en un mundo que ha desechado el naturalismo apostando por intrincados estéticos sin precedente. El arte camina solo, y admito celebro, disfruto con la evolución. De ahí a caer en todas las trampas, hay un buen trecho. Me dejo llevar por algunas, sin más…

JC



DOS GENIOS DE LA IMAGEN by JJMercado
enero 28, 2009, 11:13 am
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El arte es una imagen humeante, como recién disparada. Una bomba fugaz que nace y muere, que nace y muere, que nace y muere otra vez. Es el tropiezo voluntario de los hombres en la misma piedra una y dos y tres veces y hasta siempre. El arte y la eternidad de lo fugaz, la repetición de lo siempre nuevo. Lo dijo a otros efectos una vez Eduardo Chillida, no sé si a santo de la música de Bach o Wagner o por ahí, “siempre nunca diferente pero nunca siempre igual”.  Atrapar en una imagen lo que no se puede ver, empaquetar los sentimientos, eso es el arte.

La pintura y el cine lo tienen fácil. También la escultura y la arquitectura. La música no es nada si no nos hace imaginar. La danza no es sino el atril de los sonidos. Y la literatura simplemente no es sin su campo de cebados adjetivos. Las bellas artes son imagen pura. Para defender el tema, para reivindicar lo insólito de la imagen, a los surrealistas –esos fascistas de la anarquía- les dio por hablar del “encuentro de un paraguas y una máquina de escribir encima de una mesa de quirófano”.

Al final nos terminó saliendo cara la catarata de bromas de los Tzara, los Breton, los Duchamp. Defendieron la imagen de la nada. Hacían poemas con palabras recortadas al azar, exhibían retretes, literaturizaban cadáveres exquisitos y al final la gente les siguió el rollo, les tomaron con la seriedad que ellos mismos atacaban y terminaron por ver en el paraguas del quirófano un sinfín de símbolos sesudísimos y lemas de exagerado nivel cultural. Buñuel simplemente se meaba de la risa cuando veía los análisis de sus películas, Dalí se divertía siguiéndoles el juego y al final, “en el mismo lodo, todos manoseaos”, que cantara Gardel, se nos terminaron por colar los sinvergüenzas que hoy llevan en la cartera el carné de artistas oficiales.

Contra ellos, quisiera rescatar hoy la victoria moral de dos españoles. Uno de ellos es el pintor Antonio López que, siguiendo las enseñanzas de aquel loco muerto y olvidado bajo un tranvía traidor que fue Gaudí, conquistó la originalidad volviéndose al origen. En medio de un sinfín de garabatos, de arcabuzazos infantiles, de telas restregadas por el fango, él supo mirar a los Velázquez y cía, abrió su caballete en la Gran Vía y se puso simplemente a pintar lo que veía. Al terminar cada cuadro, el tipo les insuflaba el aire que rodeaba lo que andaba queriendo pintar y a otra cosa. El otro se llama Chema Madoz y hace fotos. En ellas juega, gamberrea, nos mezcla la realidad. Fotografía metáforas. Plasma en imagen pura la vieja greguería del gordo Ramón Gómez de la Serna. Revela bromas en blanco y negro. No busca imágenes lejanas –el paraguas y el quirófano- sino que encuentra y mezcla a los opuestos. Sus fotos, en fin, son un juego de suma cero a modo de explosión, una redundancia de lo antitético.

Un día vino Cocteau a Madrid y asistió al Museo del Prado de la Mano de Dalí. Al salir dieron una conferencia de prensa en el Ritz y un periodista les preguntó qué salvarían en caso de un incendio en el Museo. Primero respondió el francés, dijo que el fuego y con aires de superioridad retó a Dalí con la mirada. Éste teatralizó, hizo como que pensaba lo que ya sabía, alzó la voz y contestó: “Yo el aire. Y, más concretamente, el aire contenido en Las Meninas de Velázquez, que es el aire de mejor calidad que existe”. Acto seguido Cocteau cogió dos pajitas de cocktail, se las puso en la nariz a modo de bigote daliniano e inclinó la cabeza en gesto que le honra.

Si los timadores de hoy día tuvieran siquiera una gota de dignidad harían lo propio frente a López y Madoz, ambos con el peso a cuestas de rescatar al arte de sus garras. Y si fueran personas honradas cogerían el petate y se pondrían a caminar la nueva senda abierta por estos dos genios contemporáneos. Benditos sean.

 

JJ

 



Revolutionary Road by jcherran
enero 26, 2009, 3:57 pm
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Del mismo director de American Beauty, recupera el filón del drama familiar made in USA (esta vez ambientado en los años 50) repleto de frustraciones personales y crisis de edad con desenlaces trágicos. Es una película excelente, no tanto por la historia que cuenta como por las interpretaciones de sus dos protagonistas (los secundarios son muy buenos, dicho sea de paso). Todos recordamos a Jack y Rose, esa pareja pobre-rica, flaco-ternesca, aniñado-señorona… de Titanic. No habían vuelto a rodar juntos pero el regreso ha merecido la pena. Sobre todo ella, sin desmerecer al niñoviejo de DiCaprio. Kate Winslet se ha consagrado como la mejor actriz de su edad (treinta y cinco, más o menos), y 2009 está siendo su año.

Traigo el comentario de la película a este blog en particular por la lectura que he sacado de la historia que cuenta. Una pareja joven, de apenas 30 años, que tras enamorarse con veintipocos, llenos de metas y proyectos, acaban casándose y formando una familia en un barrio residencial a las afueras de Nueva York. Esta idílica estampa, que para muchos se convierte en objeto de deseo y lamentable envidia, está aquejada de vicios y dolencias desde el mismo día en que se conocieron sus protagonistas. La frustración, la expectativa truncada, la necesidad de una vida diferente, el pararse a pensar en lo que pudo haber sido, en lo que no se emprendió, en las trabas y zancadillas de la vida, condicionan la estabilidad emocional de la pareja y el discurrir de los meses que comprende la película.

Un conato de ilusión devuelve la esperanza con toda la falsedad de un sueño. Estas criaturas especiales, admiradas por el resto, adquieren con su aparente valentía un nuevo halo de atracción irresistible en un mar de frustración y resignación que a veces resulta excesivo. Es una gran película, muy intensa; recomiendo sonreírse sin lanzar una carcajada cuando todo parezca proclive a ello, es preferible mantener la tensión y apreciar los gestos, los matices, las miradas de todos y cada uno de los personajes. Son casi dos horas de autoretrato, porque todos, más jóvenes o más mayores, tenemos o tememos alguna de las cosas que pueden verse desde el principio hasta el final del film.

En esta bitácora quisimos dar rienda suelta a todo tipo de comentarios, recuerdos y sentimientos. Quizá esta película esté más conectada con la línea pretendida que cualquier otra. Contemplar como a los 30 años puede estar todo decidido para, poco después, caer en la cuenta de que ese es nuestro gran temor aun cuando nuestra generación parece dilatar la juventud, extender la adolescencia y huir sin descanso de la mera posibilidad de estancarse antes de tiempo. Pero el tiempo pasa y hay fechas que dejamos atrás al igual que hay fechas que se nos vienen encima. El matrimonio de la película busca un ancla en el tiempo, una última oportunidad. Muchos jóvenes de nuestra generación proyectamos en forma de temor lo que para ellos es una frustración que devora su estabilidad emocional y sus ganas de seguir viviendo.

Aun con todo creo que la vida es más simple que todo eso. El drama existencial está bien para lo que está: dos horitas en el cine, una conversación de 30 minutos y poco más. Quien viva anquilosado de esa manera puede despedirse de sobrellevar su torpe existencia con sosiego y tranquilidad. La intensidad dramática cumple mejor su utilidad en dosis menudas y recipientes ligeros.

JC



20 AÑOS SIN DALÍ by JJMercado
enero 25, 2009, 12:15 am
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“La única diferencia ente un loco y yo es que yo no estoy loco”. Pudiera parecer, efectivamente, que todo lo que le movió fue la locura. Hay también quien dice que fue el dinero: André Breton reordenó las letras de su nombre para formar aquel celebérrimo “avida dollars”. Ni unos ni otros lograron entenderle. Su vuelo era demasiado alto. Su mundo tan ancho y ajeno que se permitió el lujo de modelar el nuestro como los niños con la plastilina, a base de arcabuzazos de óleo y cubos de barniz. Bigotes alerta y siempre enhiestos. Durante un tiempo usó para ello el jugo de los dáties del postre, lo que le permitía, en verano, mientras veía en la televisión el tour de france dejar que las moscas limpias de Port Ligat, esas moscas finas vestidas como por Balenciaga, le anduviesen por la comisura de los labios hasta atraparlas y dejarlas escapar para volver a empezar: “Francia entera sufriendo en bicicleta y yo en mi sillón, jugando con mis moscas…”. Sivaritismo puro. Luchó por lo que creyó y nadie pudo interponerse en su camino. Amó. Sufrió la pasión. Toda su paz dependió de su querida Gala: “desearía poder hacerla tan pequeña como una aceituna para comérmela y hacerla mía para siempre”. De joven quiso ser cocinera. Más tarde quiso ser Napoleón. Al final, aspiró nada menos que a llegar a convertirse en Salvador Dalí. Murió solo, en la torre de su museo, víctima de la daliniana paranoia-crítica, haciendo sonar el himno español cada vez que lo trasladaban, postrado, de una habitación a otra y usando el único hilo de voz que le quedaba para llamar a su amado Federico, compañero del alma, compañero. Buscó a tientas una Fe que le diera tranquilidad al final del camino. Quizá la encontró. Quizá no. Quizá siga rompiendo, a golpe de patada, los ventanales de la 5th Avenue del cielo.

JJ



El frio, el cuerpo y la mente. by jcherran
enero 10, 2009, 6:21 pm
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Yo también he sido de los renegados advenedizos, de los que ahora callan todos los improperios lanzados años atrás. Odiaba la educación física, nunca he practicado ningún deporte de equipo; más de bici o natación, aunque ni con esas puede decirse que haya sido un deportista. Todo lo contrario, más bien torpe, patoso y rígido. Suerte que soy delgado y no he tenido demasiadas miserias físicas.

Ahora reniego de lo que en su momento juré como uno de mis principios inquebrantables. Estúpido fui. No me he reencontrado con el deporte, tranquilos, aunque estuve un año yendo dos veces por semana a la piscina (acabé hecho un campeón, pero respiro fatal y me agotaba más de la cuenta). También, más recientemente, me dio por el espíritu de Verano Azul, y me compré una bici; no para hacer piernas y ganar un moreno marcado y ridículo, sino para pasear por Madrid (es una de las mejores decisiones que he tomado nunca).

Lo que sí hice hace unos añitos fue apuntarme al gimnasio. Lo sé, lo sé, es lo más cutre y vanidoso que puede hacer uno. De deporte poco, sobre todo en la zona de musculación. Sí mucho esfuerzo y bastante egocentrismo. Pero qué le vamos a hacer: preparo mi cuerpo para no ser un treintón con barriga, apoltronado y condenado a unos cuarenta lamentables. Será entonces, a los 30 y a los 40, cuando me tome en serio lo del deporte (en condiciones) y me apunte a clases de pádel, tenis, golf o lo que sea. Igual hasta ceda ante mis amigos y opte por el esquí. Hasta entonces seguiré echando cuerpo, luchando contra el michelín, y haciendo que la ropa y el bañador me queden cada día mejor.

Aplaudo tu decisión, ya lo sabes. Es la mejor forma de reencontrarse con uno mismo y superar viejos miedos y carencias. No todos hemos sido el chaval deportista, futbolero e inquieto. Esos, en general, serán los cuerpo-escombro del mañana; pronto les llegará la decadencia, mientras que nosotros, con esfuerzo y dedicación, tendremos un futuro en ascenso imparable (por lo menos hasta los 58, ;)).

Y mientras tanto, me muero de frio. Sin grasa, sin esa capa que los osos se afanan en adosar a sus músculos durante los meses cálidos y templados, me veo desprovisto del aislante natural, del medio con el que pasar este gélido invierno que nadie supo predecir.

JC



DE LA GIMNASIA by JJMercado
enero 7, 2009, 7:04 pm
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La gimnasia, JC, como militarización del ocio. No sé a qué niños pobrecitos de qué país brutal les ofrecen al nacer una pluma y una espada, dejando que juegue la elección una suerte de instinto visionario. Si la elección es de corte espartano, el niño crecerá fuerte y gozará de la aceptación de la comunidad. Si por el contrario fuese la dichosa pluma el objeto de su primitiva decisión, pobre del niño. Esto de la contraposición de las letras/alma y las armas/cuerpo es algo que subsiste entre nosotros como mito arraigado y tomado por cierto y, sin embargo, echado por tierra en más de mil batallas, nunca mejor dicho. La épica de Homero así lo testifica, y largo y tendido habló de ello nuestro sagrado don Miguel de Cervantes allá por el final de su primera parte del Quijote, después de dar él mismo ejemplo vital, con su brazo cortado allá en Lepanto. Men sana in corpore sano, o sea.

En los libros de mi muy querido José Luis Alvite –ese cínico de nuestro tiempo que manda historias a La Razón desde su aburrido oficio de cajero- se defiende la tesis de que toda vocación literaria tiene como origen un fracaso físico. Que agarrar un libro viene, vamos, después de no meterle un penalti a un vendedor de cupones. Yo no lo creo. Si así fuese, teniendo en cuenta que en los colegios siempre es una élite pequeña la que destaca en la destreza deportiva, de las aulas no harían más que salir genios eruditos. Y me da que no es el caso. Y sin embargo, esto no quita –que no esté de acuerdo con Alvite- para que en mi caso, oh casualidades de la vida, el afinado escritor dé en el blanco.

Ya desde pequeño empecé a fallar en las destrezas deportivas. Nunca especialmente ágil, terminé por encontrar en las clases de gimnasia algo así como la visión dantesca del infierno, llena de profesores embutidos en chandals indecorosos, amargados por no obtener del alumnado el respeto debido, acomplejados por no ser tratados al mismo nivel que sus colegas de ciencias naturales o historia contemporánea, dando órdenes maléficas que reclamaban posturas antinaturales y esfuerzos sobrehumanos. Así fue como terminé por desarrollar una fuerte reacción casi violenta hacia todo aquello relacionado con los sudores y las tensiones musculares e inclinándome al refugio que los libros me ofrecieron.

Ha pasado el tiempo, le he dado vueltas al tema y he terminado por no darme la razón, cosa especialmente sana y habitualmente mal vista entre los fanáticos del tópico y los lugares comunes. A ello le he sumado una dosis extremadamente rara en mi persona de voluntad y un algo de querencia hacia el buen gusto corporal y he terminado por apuntarme al gimnasio de la esquina. Allí me encuentro cada mediodía con algún talibán metrosexual, unos cuantos profesionales del músculo y un nutrido grupo de pandilleros que acuden a sus labores entre sortijas y colgantes de mercadillo. Al mirarlos, confieso sentirme atacado por cierta dosis de vanidad que no consigo matar del todo.

La pluma o las armas. Las armas y la pluma. La siniestra en Lepanto y la diestra en el Quijote. Men sana in corpore sano. Se trata de no elegir, de alcanzar el equilibrio. Y en esas ando.

JJ




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